¿TRANSPARENTE ALCANZA? ESA ES LA PREGUNTA

Hay errores que pueden pasar una vez. Dos veces dejan de ser un accidente para convertirse en un problema.

El sorteo de las 72 viviendas, que debía ser un momento de alegría para decenas de familias, terminó otra vez envuelto en polémicas, dudas y bronca. Y cuando hablamos de la casa propia, no hablamos de un premio cualquiera. Hablamos del sueño de cientos de vecinos que esperan desde hace años una oportunidad para cambiar su vida.

El primer sorteo tuvo que ser anulado por un error insólito: el número cero no había sido contemplado. Aquello ya había golpeado la credibilidad del proceso. Era la oportunidad para aprender de ese error y recuperar la confianza de la comunidad.

Sin embargo, el segundo intento volvió a dejar más preguntas que certezas.

Desde el Municipio se delegó la realización del sorteo en la Lotería de la Provincia y en el Instituto de la Vivienda. Nadie discute el prestigio de esos organismos ni afirma que haya existido manipulación. Pero en política hay una realidad imposible de esquivar: quien pone la cara ante los vecinos no es la Lotería ni el Instituto. Es el intendente interino Fabián Blanstein.

Y aquí aparece la gran pregunta: ¿hasta cuándo alcanzará su imagen de dirigente dialoguista y de buena persona para absorber el costo político de decisiones que terminan generando semejante malestar?

Porque en las últimas horas recibió críticas, agravios e insultos de todo tipo. Y aunque muchas de esas expresiones sean injustificables, son el reflejo de una sociedad que perdió la paciencia.

El problema, quizás, no sea la transparencia del sistema. El problema es que el sistema no logró generar confianza.

Los propios resultados despertaron interrogantes. La aparición de una importante cantidad de preadjudicaciones vinculadas a una misma letra hizo que muchos vecinos comenzaran a preguntarse si ese era realmente el mecanismo más adecuado para un sorteo de estas características. Tal vez exista una explicación técnica y estadística. Es posible. Pero cuando para entender un sorteo hace falta una explicación tan compleja, algo falló en la comunicación o en el diseño del procedimiento.

La transparencia no consiste solamente en que todo sea correcto desde lo legal o lo informático. También debe ser comprensible para la gente. Un proceso transparente es aquel que cualquier vecino puede mirar, entender y aceptar, aun cuando el resultado no lo favorezca.

Los tiempos cambiaron. Hoy la sociedad está mucho más informada, mucho más conectada y muchísimo menos dispuesta a aceptar procesos que no comprende. Las redes sociales multiplican cada duda en cuestión de minutos y cualquier error se convierte inmediatamente en un debate público.

Por eso, quizás la discusión ya no pase por defender este sistema, sino por animarse a revisarlo. Si un mecanismo genera desconfianza dos veces consecutivas, tal vez no sea el indicado. A veces, los procedimientos más simples son los que ofrecen mayor credibilidad.

La gestión todavía está a tiempo de sacar una enseñanza de todo esto. Porque gobernar no es solamente hacer las cosas bien; también es lograr que la sociedad confíe en cómo se hacen.

Y en un tema tan sensible como la vivienda, esa confianza vale tanto como las llaves que algún día recibirán las familias adjudicatarias.

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