MALVINAS: UNA CAUSA QUE NO SE NEGOCIA

Hay palabras que en la Argentina no necesitan explicación.

Malvinas es una de ellas.

Porque Malvinas no es solamente un territorio perdido. No es solamente una guerra. No es solamente una fecha en el calendario.

Malvinas es memoria.

Es la memoria de quienes fueron y no volvieron.
De quienes volvieron y tuvieron que aprender a vivir con sus heridas.
De las familias que durante años esperaron una noticia.
Y también de una generación que creció escuchando que esas islas, aunque estén lejos, forman parte de nuestra identidad.

Ayer, Javier Milei volvió a poner el tema sobre la mesa con un mensaje contundente: “Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho”.

Y anunció algo más: sanciones para empresas que exploten petróleo en las islas sin autorización argentina, nuevas herramientas legales y una mayor presencia estratégica en Tierra del Fuego.

Pero quizás lo más importante no sea solamente lo que anunció un presidente.

Lo importante es preguntarnos qué hacemos nosotros con Malvinas.

Porque una causa nacional no puede aparecer solamente cuando hay petróleo, cuando hay una declaración internacional o cuando conviene políticamente.

Malvinas tiene que estar presente cuando hablamos de nuestra soberanía, de nuestros recursos, de nuestro mar, de nuestra Antártida y de nuestro lugar en el mundo.

Y hay algo que tampoco podemos olvidar.

Defender Malvinas no significa querer una guerra.

Todo lo contrario.

Significa tener la inteligencia, la diplomacia, la fortaleza económica y la capacidad estratégica necesarias para que algún día la Argentina pueda recuperar el ejercicio pleno de su soberanía por una vía pacífica.

Porque las guerras dejan muertos.

La diplomacia puede dejar resultados.

Y quizás hoy el desafío sea ese: construir una Argentina tan fuerte, tan respetada y tan seria que nadie pueda ignorar nuestro reclamo.

Malvinas no pertenece a Milei.

No pertenece al peronismo.

No pertenece al radicalismo.

No pertenece a ningún partido político.

Malvinas pertenece a todos.

A los que tienen 80 años y todavía recuerdan aquella guerra.

A los que nacieron después y conocen la historia por sus padres y sus abuelos.

Y a los que todavía no nacieron, pero algún día tendrán que recibir esta causa como parte de la historia argentina.

Por eso, Malvinas no debería servir para dividirnos.

Debería servir para recordarnos que hay cosas que están por encima de cualquier gobierno y de cualquier elección.

Porque los gobiernos pasan.

Los presidentes pasan.

Las ideologías pasan.

Pero hay causas que permanecen.

Y Malvinas es una de ellas.

Por nuestros muertos. Por nuestros veteranos. Por nuestra historia. Y por las generaciones que todavía tienen que venir.

Malvinas no se olvida.

Malvinas no se abandona.

Y Malvinas, algún día, tiene que volver a ser argentina.

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