“Nicolás era el ser con más ganas de vivir que he conocido”, aseguró Covelli. Tenía 24 años, era martillero, tenía una inmobiliaria, nadaba, hablaba inglés, era timonel, había sido campeón de Joushitsu en el Mercosur y amaba perderse entre los médanos de su querida Villa Gesell. “Era el de las respuestas tranquilizadoras, de carcajadas explosivas, solidario y con grandes valores”, recordó y reconoció emocionada: “Para mí es el gran maestro de mi vida”.
El sábado 21 de octubre de 2017 Nicolás empezó con dolor de cabeza. Tomó ibuprofeno y el domingo seguía igual. Como el Hospital de Villa Gesell estaba lleno por la jornada electoral, su mamá Gabriela Covelli lo llevó a una farmacia para controlar la presión y la temperatura. Un médico conocido indicó diazepam con pridinol y atribuyó el cuadro a una contractura. También lo vio una masajista, pero el dolor aumentó y Nicolás comenzó a hablar “cansado”.
Por insistencia de su madre, el médico lo recibió esa noche en una clínica privada de Pinamar. Covelli relató que le administró diclofenac y diazepam por vía endovenosa, mantuvo el diagnóstico de contractura y consiguió un turno con un kinesiólogo para el lunes a las 9. Nicolás se desvaneció tras la medicación. “Algo dentro mío sabía que no estaba bien”, rememoró.
Gabriela Covelli reconstruyó ante Buenos Aires/12 nueve años de lucha tras perder a su hijo Nicolas Deanna por mala praxis. Detalló el proceso judicial y la transformación del reclamo en política sanitaria. “Si tu vida derramó tanto amor, que tu partida sirva para salvar a otros”, expresó como reflexión

