El 83,5% De Los Argentinos Saltea Su Almuerzo En El Trabajo Por Motivos Económicos

¿Qué se come durante un día de trabajo? La respuesta cambia según el horario, el lugar y, sobre todo, el presupuesto. Algunos cocinan de noche y preparan una vianda para el día siguiente. Otros buscan promociones, compran algo al paso o resuelven el almuerzo con lo que encuentran cerca. También están quienes pasan varias horas sin comer y esperan hasta regresar a sus casas.

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) puso números a esos hábitos. El estudio, realizado sobre 1171 trabajadores asalariados de todo el país reveló que el 22,6% no suele comer durante su jornada laboral. En otras palabras, casi una de cada cuatro personas.

El factor económico atraviesa buena parte de las decisiones. Según la investigación, el 83,5% de los trabajadores experimentó algún tipo de privación alimentaria por razones económicas, ya sea por saltear comidas, elegir opciones menos nutritivas o combinar ambas conductas. Apenas el 16,5% quedó al margen de esas restricciones.

La pérdida de calidad aparece incluso con mayor frecuencia que la decisión de no comer: el 78,5% reconoció haber elegido alimentos menos nutritivos debido a restricciones presupuestarias. Para el 53,9% ocurre ocasionalmente y para el 24,6% ya es una práctica regular.

Vianda, delivery o algo al paso: cómo se resuelve el almuerzo
Distintos trabajadores contaron cómo organizan —o improvisan— la comida del mediodía. Las respuestas mostraron estrategias diferentes, pero dos variables se repitieron: el precio y el tiempo disponible.

“A las 4.30 de la mañana salgo para acá. Llego detonada y tampoco me dan muchas ganas de prepararme la comida”, contó una mujer. Por eso suele comprar una ensalada o buscar algún descuento. Calculó que un almuerzo puede costarle entre $15.000 y $20.000. “Uno siempre trata de organizarse con la economía, cuidar el pesito”, explicó.

Para otros, la solución está en cocinar en casa. “El finde preparo lo más que se puede, siempre para economizar. Buscando ofertas, buscando precios y variedad también”, resumió otra de las personas consultadas.

Una trabajadora que dispone de 40 minutos para comer contó que casi siempre lleva su vianda. Cocina la noche anterior y deja preparado el almuerzo porque, además de ahorrar, necesita aprovechar el descanso después de pasar varias horas de pie. “Si no traés la comida, gastás mucha plata porque hoy en día está todo caro”, señaló.

El informe de la UCA también indagó dónde se produce esa pausa. El 41,5% come en su escritorio o puesto de trabajo y el 38,9% utiliza el comedor de la empresa. Solo el 7% suele hacerlo en un restaurante, café o bar.

Pero no siempre alcanza con tener comida disponible. A veces, el obstáculo es encontrar un momento para sentarse. Un trabajador que realiza tareas en altura contó que tiene 40 minutos para almorzar, aunque no todos los días consigue utilizarlos. “Hay veces que estamos en una obra y no bajamos. Comemos algo rápido y seguimos trabajando”, explicó. Ese día había resuelto su comida con un sándwich y un helado. “No hubo tiempo”, resumió.

Otro de los entrevistados directamente no había almorzado. “Estoy apurado. Voy caminando y no almuerzo”, respondió. Recién volvería a comer al llegar a su casa, cerca de las diez de la noche. “Todo el día sin comer”, confirmó.

El tiempo también aparece en los datos: el 26% de los asalariados tiene dificultades para realizar regularmente una pausa para comer. Las condiciones del lugar de trabajo hacen una diferencia. Entre quienes cuentan con comedor, el 86,3% logra frenar siempre o casi siempre; entre quienes no disponen de ningún tipo de equipamiento, la proporción baja al 62,7%.

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