Gran Bretaña prohíbe redes sociales a menores de 16: ¿puede pasar lo mismo en Argentina?

La Cámara de los Lores del Reino Unido aprobó una prohibición histórica. Qué implica y por qué el debate podría llegar a nuestro país.

La Cámara de los Lores del Reino Unido aprobó en las últimas horas una enmienda que prohibe el acceso a redes sociales a menores de 16 años, una decisión que sacude el debate global sobre el uso de plataformas digitales por parte de chicos y adolescentes.

La iniciativa, que todavía debe atravesar instancias legislativas para convertirse en ley, obliga a las empresas tecnológicas a implementar mecanismos efectivos de control de edad y prevé sanciones en caso de incumplimiento.

El trasfondo es por la creciente preocupación debido al impacto de las redes sociales en la salud mental y el desarrollo de los menores.

Una votación que marca época
El dato político no es menor. La Cámara Alta británica no suele protagonizar gestos disruptivos ni decisiones apresuradas.

Sin embargo, el avance de esta propuesta refleja un cambio profundo en la mirada de los países centrales sobre el poder de las plataformas digitales. Aquello que durante años se presentó como un espacio de libertad y socialización hoy aparece asociado a fenómenos como la ansiedad, la adicción, la exposición temprana a contenidos violentos y la ludopatía online.

En ese contexto, Londres se suma a una corriente internacional que empieza a discutir límites concretos.

El espejo argentino
La pregunta surge casi de inmediato: ¿podría algo así ocurrir en la Argentina?.

En términos políticos y culturales, una decisión tomada en el corazón de Occidente funciona como legitimación de un debate que hasta ahora parecía marginal en el país.

Durante años, cualquier intento de regulación fue tachado de exagerado o censor y asociado a países con gobernantes autócratas. Sin embargo, cuando democracias consolidadas avanzan en ese sentido, ese argumento pierde fuerza.

En el plano local, cuando los políticos decidan encararlo, el debate seguramente será áspero. Sectores liberales y libertarios denunciarían una supuesta intromisión del Estado en la vida privada, mientras otros pondrían el foco en la necesidad de proteger a los chicos.

En el medio, quedaría expuesta una contradicción recurrente como es “la defensa irrestricta del mercado”, aun cuando ese mercado muestra serias fallas de autorregulación.

¿Regular o mirar para otro lado?
Docentes, psicólogos y profesionales de la salud argentinos vienen advirtiendo desde hace tiempo sobre el impacto del uso intensivo de redes sociales en las aulas y consultorios.

Problemas de atención, ansiedad, aislamiento y violencia simbólica forman parte de un diagnóstico extendido, aunque pocas veces traducido en políticas públicas. Una señal como la de Gran Bretaña podría funcionar como respaldo para empezar a discutir soluciones.

Implementar una prohibición en la Argentina no sería sencillo. Las dificultades técnicas, el bajo cumplimiento normativo y la cultura del atajo digital complicarían cualquier esquema de control.

Pero el debate de fondo no pasa únicamente por prohibir o permitir, sino por animarse a cuestionar la idea de que las plataformas son intocables y que sus consecuencias negativas son inevitables.

Lo ocurrido en Londres no resuelve el problema, pero instala una advertencia. Y cuando el mundo central empieza a poner límites, la Argentina, tarde o temprano, deberá decidir si discute el tema en serio o sigue mirando para otro lado hasta que el daño sea imposible de ignorar.

“La regulación de las redes sociales ya no es un tabú en las democracias occidentales”

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